domingo, 12 de abril de 2020

Utopía domiciliaria

Viviendo estos días de confinamiento uno tiende a coquetear con la idea de que al igual que le sucede al secuestrado crónico con su secuestrador se tiende a desarrollar una querencia por la reclusión en sintonía con el síndrome de Estocolmo. Y sí le cogemos gusto al arresto domiciliario? Y si después de 3 aplazamientos del período de confinamiento empezamos a justificar que por seguridad deberíamos solicitar una nueva prórroga y luego otra...? Y si la utopía estuviera en casa? o para decirlo más crudamente, y si la idea de utopía no incluyera el contacto directo con el resto de la humanidad y la paciente espera en el discurrir del tiempo dejando que éste simplemente haga que las cosas nos vuelvan a suceder? Descubrir que la misantropía y éste confinamiento encuentran una misma senda en ésta llamada utopía domiciliaria quizás nos lleve a pensar en cierto desarrollo interior,íntimo e inevitablemente individual.Cierto anhelo de profundidad que inevitablemente va ligado a la quietud espacio-temporal y al distanciamiento de cualquier tipo de red social. Todavía recuerdo aquella imagen de los esclavos que huyendo con su amo en el África dieciochesca hacia la frontera, perseguidos por quien sabe qué o quién, decidían, al cabo de días de huída parar la marcha y dejar de caminar en una suspensión repentina e inesperada. Cuando el amo les urgía a que siguieran con la huída, transmitiéndoles que les quedaba muy poco para poder liberarse cruzando la frontera, ellos negaban incontestablemente. ¿Por qué? ¿Por qué ahora?-les insistía el amo. -Hemos corrido mucho, hemos huído noche y día durante mucho tiempo. Ahora debemos esperar a que lleguen nuestras almas. Bueno, pues es un poco ésto, esperar a que lleguen nuestras almas. Y si la utopía fuera esperar a que llegaran nuestras almas? Y si la utopía fuera el mismo lugar, la misma localización espacial pero con nosotros ya instalados en nuestras recién llegadas almas, después de la cuarentena?